Posteado el 11 Julio, 2017 Por en Documental con 160 Visitas

“David Lynch: The Art Life” (2016)

Una cuidada aportación para descubrir más acerca del fascinante universo del genio David Lynch

No hace falta ser cinéfilo para referirse coloquialmente a algo “lynchiano” como sinónimo de extraño y perturbador, que no admite explicaciones racionales porque se nutre directamente de los sueños.

Una mirada al mundo que irrumpe en la realidad para desenmascarar su apariencia más idílica y conectarlo con su lado más salvaje. Así es como ve las cosas David Lynch, uno de los autores mas originales e influyentes que ha dado la historia del cine. Dueño de un universo reconocido como pocos, que ancla sus raíces en la cultura popular americana del siglo XX para subvertir las reglas del relato cinematográfico naturalista en pos de un cine del subconsciente que nos remite directamente a Buñuel, aunque a diferencia del genio de Calanda, Lynch no llega al surrealismo como reacción intelectual a una moral religiosa opresiva sino como una celebración pagana se la ficción.

Cuando se rodó este documental, el pasado 2016, estaba a punto de estrenarse, en medio de una expectación planetaria, la tercera temporada de Twin Peaks, la serie que cambió hace 25 años el rumbo del serial televisivo y casi a modo de “Previously on” se estrenó este documental en cines, David Lynch The Art life, una  mirada que pone el foco en la versión pictórica de Lynch como semillero de su imaginario cinematográfico.

En el documental es el propio Lynch quien rememora, encadenando un cigarrillo tras otro, su infancia feliz, sus años escolares y su vocacion juvenil por las artes plásticas a través de anécdotas que delatan su temprana fascinación por lo bizarro.

Comparar la vida de Lynch con sus películas es un ejercicio inevitable, que el documental deja en manos de la memoria cinéfila del espectador debido, seguramente a un tema de derechos… A falta de fragmentos de películas, David Lynch: The Art life es un impagable viaje al estudio del pintor, para descubrir la poderosa conexión entre sus lienzos y sus fotogramas.

El documental se detiene allí donde comienza la carrera cinematográfica de David Lynch hace cuarenta años con Cabeza Borradora (Eraserhead, 1977) auténtico antes y después del cine moderno, tan enigmática, extravagante y divertida como el resto de sus películas, cuya revisión supone un reto intelectual permanente para el espectador, puesto que éste siempre descubre cosas nuevas.

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