Posteado el 16 Agosto, 2017 Por en Estrenos con 113 Visitas

Crítica de “Reparar a los vivos”

REPARAR A LOS VIVOS (“Réparer les vivants”), de Katell Quillévéré. 2016.

El camino de un corazón hasta salvar otra vida

Katell Quillévéré lleva a la pantalla la exitosa novela de Maylis de Kerangal tratando de mantener la emoción y el sentimiento del texto original, tratando que todos los personajes tengan una entidad. La historia le abre a la realizadora nacida en Costa de Marfil la posibilidad de afrontar el tránsito de un corazón de un cuerpo a otro desde una perspectiva tanto científica como poética, aunque no acaba de explotar este segundo aspecto todo lo que hubiera podido.

La acción se sitúa en la ciudad de Le Havre. Simon (Gabin Verdet) ha sufrido un terrible accidente de tráfico que lo ha conducido a la muerte cerebral. Sus padres, Marianne (Emmanuelle Seigner) y Vincent (Kool Shen) deberán afrontar la pérdida de su hijo a la par que deben tomar en poco tiempo la decisión de aceptar la donación de órganos de su hijo, proceso pilotado por el doctor Thomas Remige (Tahar Rahim). En esta parte de la película, Quillévéré acierta en no abusar de un sentimentalismo extremo, correctamente dosificado en los compases de un Alexandre Desplat siempre solvente, pero no es capaz de profundizar en los argumentos y emociones de los padres en el proceso de duelo hasta tomar la decisión, por lo que todo adquiere un tono bastante cercano al documental, donde la monotonía domina el relato. Su mejor momento es, sin duda, la alusión a E.T., el extraterrestre (1982) en la escena que Spielberg rinde homenaje a El hombre tranquilo (John Ford, 1952).

Gilles Taurand y Quillévéré sí que se preocupan en dar más cancha al personaje de la receptora del corazón, Claire (Anne Dorval, habitual de las cintas de Xavier Dolan) para reflejar cómo la paciente se prepara para la recepción de un órgano que puede ser su única oportunidad ante una enfermedad degenerativa que cada vez limita más sus movimientos. La relación de ésta con sus hijos y su pareja Anne (Alice Taglioni) hace que la película recupere algo de dinamismo en lo que pretende ser un canto a la vida y un recordatorio de cómo nuestras vidas están interconectadas. El corazón es el protagonista de la historia y en su tránsito de un cuerpo a otro, vemos como algunos de los personajes modifican su comportamiento según lo que perciben de la realidad de los otros.

En definitiva, Reparar a los vivos es una película correcta y poco más, que no consigue explorar los personajes con la misma intensidad que sí lo hace la novela. Su intento de resultar poética resuta bastante discreto, siendo lo más interesante el concepto del tránsito de un corazón que nos demuestra lo increíble del viaje de una entidad viva, en el que cada ser humano es el eslabón de una cadena que forma parte de un todo. Lo mejor, el remate final con Five years de David Bowie.

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