Posteado el 3 Julio, 2017 Por en Cinefilia con 156 Visitas

Cine y Arte: “Mr. Turner”

Una película que explora la personalidad compleja y contradictoria del pintor, considerado como uno de los mejores paisajistas de todos los tiempos

Precedida por el premio a mejor interpretación masculina a Timothy Spall en el Festival de Cannes del 2014 y dirigida por el siempre correcto Mike Leigh,  Mr. Turner es la biografía del pintor inglés William Turner, artífice de una autentica revolución en el arte del paisaje, al que Leigh retrata, con ayuda de Spall, como un ser ensimismado, huraño y literalmente gruñón.

A Mike Leigh lo que le resultó fascinante del personaje de Turner fue que  era un hombre con defectos, complejo y excéntrico. Y con una obra increíblemente épica, poética y sublime, que hoy en día todos los que amamos el arte conocemos.

Mr. Turner escapa a las convenciones del género biográfico por varios motivos; por una parte se concentra en la reconstrucción de los últimos años del pintor sin vuelta atrás en el tiempo ni especulaciones entre su infancia y su genialidad artística, escarbando, eso sí, en la intimidad del personaje, contemplándole desde fuera sin coartadas y presentándole en toda su excentricidad en el arte y en la vida.

Turner rompió las reglas ya en el siglo XIX, fueran las que fuesen, y nos recuerda de alguna manera lo que siguen siendo restricciones en aquello que hacemos, para que como espectador, las interpretemos de una forma adecuada en nuestra época. Eso es algo muy inteligente que consigue Mike Leigh y que hace que su película sea sobresaliente.

El punto de vista del director está basado en la cotidianidad solitaria de Turner y no en su aspecto creativo (algo inusal para este tipo de películas) concentrándose en la convivencia del artista, ya casi anciano, con su padre, que llegó a convertirse en algo así como su ayudante, con una sirviente que cubría más cosas que sus necesidades domésticas y con una viuda con la que estableció una relación inusualmente libre para la época.

Por encima de otras consideraciones, es más que evidente que la percepción de Mr. Turner, además de por la mirada del director, se sustenta por el trabajo portentoso de un actor como Timothy Spall, que acusa un histrionismo que nadie relacionaría nunca con el glamour, pero que llena la pantalla de una hipnótica autenticidad. Su interpretación en Mr. Turner es una autentica creación, la invención apabullante y convincente de la manera de moverse y de enfrentarse a la vida y al oficio de pintor, de respirar, de mirar los paisajes, de relacionarse con su entorno desde su insociabilidad a partir de unos cuantos datos biográficos y de una enorme colección de cuadros.

Su fotografía, desde el primer fotograma, homenajea la pintura de su autor sin caer en el regodeo; Dick Pope hace uno de sus mejores trabajos, así como la poco facilona banda sonora, muy lograda, supongo más de acorde con la intención de Leigh de mostrar el interior del protagonista, más que de componer temas pegadizos.

No voy a decir que Mr. Turner sea una película fácil: un larguísimo metraje y una narración que se basa en la descripción y en la construcción de personajes suponen, sin duda, un reto para la atención. Pero esa descripción y esa construcción son tan absolutamente maravillosas que con la mínima predisposición el placer está asegurado.

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