Posteado el 7 Mayo, 2017 Por en Cinefilia con 166 Visitas

Cine y Arte: “El amor es el demonio”, una visión sobre Francis Bacon

El olor a sangre humana no se me quita de los ojos

La pintura dentro del cine es algo que se nos brinda como algo fantástico para poder acercarnos de forma absoluta al artista y a su proceso creativo. En algunos artistas más que en otros, el cine nos ayuda a comprender el hombre y al virtuoso. La película El amor es el demonio: Estudio para un retrato de Francis Bacon (Love is the devil, 1999), dirigida por John Maybury, es un claro ejemplo del acercamiento de un genio al resto de los mortales.

El amor es el demonio estudio para un retrato de francis bacon (1998)

El arte de Francis Bacon no es fácil, ni tampoco está dirigido para todos los públicos. Son, en su mayoría, cuadros terroríficos que embargan al espectador en un estado de desasosiego que dura días. John Maybury consigue en El amor es el demonio imbuirte del mundo retorcido y cruel de Bacon. En su obra los cuerpos resbalan, se anudan, se arrugan, hasta formar una materia que ya no es cuerpo. Muñones, fragmentos, miembros atrofiados se fijan, atrapados en movimiento en un efecto de torsión. El director consigue además de esto, transportarte a la vida cotidiana del hombre, y separarlo del genio.

Francis Bacon tenía una franqueza sobre sí mismo abrumadora y así se nos muestra en la película, al igual que se reflejan sus obsesiones, como la repetición hasta la locura del cuadro de Velázquez del papa Inocencio X.

LOVE-IS-THE-DEVIL-010

La película comienza en 1971, época que coincide con la gran exposición retrospectiva de Francis Bacon (interpretado magistralmente por Derek Jacobi) en el Grand Palais de París y con la muerte de su amante George Dyer (un jovencísimo Daniel Craig). Lo que sigue es un gran flashback desde que se conocen. La relación de ambos es tormentosa: Dyer entra en la vida de Bacon porque intenta robarle, la crueldad con la que Bacon trata a Dyer en público y privado, y  el posterior suicidio de Dyer.

Todo el film nos muestra la cara mas amarga de Francis Bacon, la no aceptación de su vida ni de su homosexualidad, y nos acerca al Bacon más humano, no el Bacon filósofo que él mismo se encargaba de mostrar en las entrevistas. Bacon era un genio, y por ende no ponía cotas a su libertad creativa desorbitada, siendo todo un transgresor para su época; incluso a día de hoy su pintura es rechazada y difícil de entender para el gran público.

Maybury no consiguió los derechos de las obras de Bacon y no le quedó otro remedio que evocarlas, con trípticos, espejos o vidrios que deforman el rostro y el cuerpo para acercar al espectador todo lo posible al mundo baconiano.

Love-is-the-Devil-81
Los cuadros de Bacon se ceban con el espectador, con sus fragmentos de carne despedazada y sus defecaciones, afectando al sistema nervioso, para no ahorrar crudeza y manifestar la violencia que tenía contra el mundo. La película te despedaza. Te lleva a un estado de soledad y tristeza para poder empatizar con el artista.

El amor es el demonio representa la putrefacción de los cuerpos antes de la muerte. El amor para Bacon era dolor, heridas: “me esfuerzo por distorsionar la cosa mucho más allá de su apariencia normal; pero al tiempo que la distorsiono quiero obligarla a dar testimonio de la apariencia que es realmente suya”.

La fotografia de John Mathieson te ayuda a impregnarte de la complicada atmósfera baconiana Es una película dura, pero de una belleza exquisita. De visionado obligado a los que amamos al artista y para quienes quieran acercarse a su figura.

Bibliografia:
“Francis Bacon. Anatomía de un enigma”, de Michael Peppiat. Gedisa Editorial.

Lo que persigue el director son aproximaciones, palpitaciones baconianas. Y por momentos, las alcanza. Tal vez quepa celebrar el hecho de que no aparezcan obras d

Tags : , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *